Haroldo Coyoy es quien dirige una gran danza con su pincel

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Por José J. Guzmán
Fotografía de Portada: Hugo Escobar León

Quetzaltenango es donde emergen, de forma inmaculada, mujeres y hombres con la absoluta sensibilidad para atrapar la realidad por más imperceptible que esta parezca para los mortales. Las pruebas existen desde los tiempos del maestro Rafael Mora, quien no conforme con magnificar su alma con el arte, dejó un legado de talentosos con la capacidad de recomponer el mundo. Uno de ellos, el pintor Haroldo Coyoy, ha seguido con firmeza aquellas enseñanzas por más de un cuarto de siglo, día tras día, pincelada tras pincelada. Esta es su historia.

Los organizadores de Galería Guatemala, donde en 2018 Haroldo Coyoy expuso una de sus recientes colecciones “Navegando entre agua y aceite”, dijeron al respecto de su obra: Con esta muestra rinde homenaje al color, a la tierra, al folclor, a Guatemala. Con 25 años de dedicarse al arte utilizando la acuarela, acrílico y óleo va dejando huella y plasmada la belleza de este país”. Aquello puede interpretarse como un resumen de toda su carrera, pues su pasión radica en interpretar los paisajes locales como quien tiene la completa conciencia de que para eso ha nacido.

Nació en Quetzaltenango en 1961. El primer contacto con los colores fue en el campo, de niño, pues junto a su hermano mayor se dedicaban a pastorear. Fue su unión con aquel panorama fundido en lo verde y su comprensión de los cambios de clima los que fueron germinando en él una forma única de entender su existencia. Fue la acuarela y el acrílico los que catalizaron aquellos primeros pensamientos, para finalmente, convertirse en una talentosa firma que representa a Quetzaltenango.

Haroldo Coyoy, persistente e invencible, así es como lo llaman los diarios ante su maña de agregar nuevas facetas al perfil de la cultura altense. El escribano guatemalteco Juan B. Juárez dijo en su momento que este pintor tiene ciertas características que definen un carácter colectivo: Su atmósfera onírica en la que aparecen las imágenes de este artista tiene su explicación no sólo en el código poético de su lenguaje, sino también en aquella reserva a la hora de nombrar y ver las cosas como son y que prefiere la alusión que sustituye la descripción realista con una imagen que la intensidad emotiva desfigura o, más bien, transfigura. (La Hora).

Para iniciar, cuéntenos, brevemente, la historia de su vida.
Nací en la ciudad de Quetzaltenango. Tengo 25 años dedicados al arte utilizando diferentes técnicas y recorriendo diferentes lugares de Guatemala, y especialmente de mi Xelajú, exponiendo en diferentes galerías dentro y fuera de Guatemala conociendo museos y muestras en varios países.

25 años dedicados a la caprichosa disciplina del arte, significa que aquello ya no solo es un oficio, sino un rasgo de la personalidad, es decir, una única forma de observar e interpretar la realidad. Remontándose a aquellos primeros años de práctica: ¿en qué momento sintió que usted había nacido para ser artista?

Más que oficio para mí es una pasión que nació con las primeras líneas, líneas que luego se volvieron trazos y que acompañados de color me fueron llevando por el camino del arte, que pincelada tras pincelada me envolvió en este hermoso sueño.

Háblenos de sus primeros momentos, ¿cómo fue la vida durante aquellos años de duras pruebas y creación artística?
Como todo en la vida: experimento, práctica, paciencia y mucho deseo de lograr mi sueño y creer en lo que hago.

La tierra, el paisaje y el color, tres aspectos inherentes a Haroldo Coyoy. Cuéntenos ¿cómo fue haciendo de estos elementos, su forma de comprender la vida?
De niño pastoreaba los carneritos de mi hermano el mayor y el contacto con el campo, los cambios de clima y llevarlos a diferentes lugares fue el inicio de esta pasión.

Haroldo Coyoy compone, descompone y redimensiona la naturaleza, según sus críticos. Algo muy cierto, porque sus cuadros, son al final, una realidad que solo podría ser explicada por su pincel. ¿Qué piensa cuando crea?
Me recuerdo mucho de mi niñez. Hay mucha fantasía en mi pintura de paisajes (muchos ya ni siquiera existen). Mi objetivo es darle vida con mis colores y lograr transformar la realidad.

¿Quiénes han sido sus maestros?
Sin duda la naturaleza, la vida, el profesor Rafael Mora y el maestro Alfredo García. A través de ellos, yo he tratado de aprender, con cada una de sus obras, con cada uno de los días.

Ha ganado varios certámenes, entre ellos, de categoría pintura rápida, ¿cómo se logra una disciplina donde tiempo y espacio, pueden ser los mejores aliados o los peores enemigos?
Desde niño el maestro Rafael Mora nos llevaba a pintar a la calle y nos daba poco tiempo para realizar un cuadro. Eso me marcó, es por eso que soy muy rápido para solucionar una obra.

En algunas de sus obras, Guatemala se representa como una hermosa historia surrealista donde todo puede pasar, pues aquello crea una nueva dimensión tan rítmica, que incluso parece una melodía. ¿Cómo construir un país con costumbres surrealistas? ¿Qué significa Guatemala para usted?
Guatemala es mágica, es única, es bella cuando estoy en otro país, la extraño, y cuando regreso la pinto con su magia surrealista y su encanto realista.

¿Cuál es la estrategia de Haroldo Coyoy para dotar de tanta sensibilidad sus obras?
Dejarme llevar por lo que veo y plasmar lo que siento en diferentes momentos y diferentes lugares.

La tradición y los paisajes, enumeran varias de sus obras. ¿Cómo llegó a la conclusión de recorrer calles, avenidas y pueblos con sus habitantes, en busca de un buen momento?
Es parte de la aventura y de mi caminar. Con el solo hecho de abrir los ojos se encuentra un paisaje. Es lo lindo de mi país y de mi Xelajú.

Perder el equilibrio entre la razón y la pasión es otra de las cualidades de su estilo, según la crítica. Una finalidad que muchos envidian, ¿cómo ha logrado esto a través de su técnica?
Disciplina. Práctica. Mucha paciencia.

La acuarela ha sido su aliada, sin duda, ¿por qué la ha elegido?
Es caprichosa y sorprendente. Tan difícil y tan fácil a la vez. Se trata de un encuentro del agua sobre el papel. Es toda una danza, yo lo único que hago es dirigir el baile.

También la acuarela prioriza la intensidad o dulzura del color más que el detalle. Es intencional. ¿A qué se debe?
Me gusta la pintura impresionista y expresionista, es por eso.

¿Qué viene en el futuro para su carrera?
Más paisajes, más color, nuevos sueños y grandes metas.

Finalmente, si Haroldo Coyoy tuviera que elegir un cuadro para vivir eternamente, ¿qué características y elementos podríamos encontrar?
Las brumas, las montañas y las transparencias, en un rinconcito del centro histórico de mí amada Quetzaltenango.

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Amable, elocuente, inspirador y constante. A Haroldo Coyoy se le puede observar sentado frente a un óleo en alguna esquina del centro histórico altense con pincel en mano, especialmente cuando se realiza una nueva edición del certamen Arturo Martínez. Será el futuro y los mismos quetzaltecos los que se encarguen de plasmar su nombre donde debe de estar: en el libro de los grandes ciudadanos de esta romántica ciudad.

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