EDUCANDO EN UN MUNDO DIFERENTE

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Los padres están tan ocupados tratando de darle a sus hijos lo que “NECESITAN”, por supuesto, materialmente hablando, que no se han ocupado de formarlos, parte integral de su educación.

En la vida nos toca desenvolvernos en diferentes roles, muchos de los roles son duros debido a la idea o preconcepción que se tenga sobre cada uno y como nos corresponde realizarlo. Es muy duro el rol de padres, el rol de madre soltera es bastante complicado, pero es aún más duro el de ser educador en este siglo.

Durante los años ochenta ir al colegio era muy alegre, los estudiantes iban a compartir con sus amigos, pero también a aprender de sus docentes quienes, con grandes trabajos de planificación y preparación ardua, trataban de explicarte, a lo WALT DISNEY, todo lo que necesitabas saber. Era una época en que los profesores y los papás eran admirados por los alumnos e hijos; una época en que los padres trabajaban para darte lo mejor que podían, pero lo más importante era recibir una educación adecuada para poder ser personas de éxito en el futuro.

No puedo explicar la alegría que sentí al convertirme en madre de dos maravillosos varones. Varones en todo el sentido de la palabra; educados, respetuosos, con gran valor, coraje, determinación, perseverancia y admiración por las generaciones anteriores.

También me tocó ser educadora, en una época en la cual es difícil compartir con los estudiantes los valores que necesarios para alcanzar las metas propuestas para el futuro.

Todo esto debido a diferentes razones:

La primera es, porque se trata a los alumnos como a unos clientes a los que tengo que tratar de conservar a como dé lugar, y porque sobre todo, EL CLIENTE SIEMPRE TIENE LA RAZON, y entonces para evitar problemas se dejan pasar cierto tipo de comportamientos y actitudes que no contribuyen a la formación de una personalidad adecuada. Los estudiantes no son un producto final que se tenga que entregar, son personas en formación a quienes debemos respetar como tales y darles las opciones para que sepan que camino pueden y tienen derecho a elegir.

La segunda razón es que los adultos mismos carecen de valores morales. ¿Qué puedo exigirle a un adolescente si no doy el ejemplo? ¿Cómo puedo decirle a un adolescente cuales son las cosas correctas si muestro una vida desordenada? Los profesores somos educadores, no amigos de los estudiantes, podemos conocerlos, aconsejarlos y quererlos con todo nuestro corazón, pero siempre dejando en claro y mostrando que Nosotros somos los adultos. Se dan historias de docentes involucrados con los alumnos de manera inadecuada, y aprobado por autoridades escolares. Nuestro rol es de guías, de formadores, de orientadores y de apoyo, ellos tienen amigos, y a veces muchos, necesitan quien los guíe y los apoye con sabiduría y con el corazón.

La tercera razón es porque la educación se ha vuelto un negocio más que una vocación. A algunas instituciones educativas no les interesa saber sobre los antecedentes de rendimiento y desenvolvimiento de sus estudiantes, ni de dónde vienen, solamente les interesa que se inscriban y que paguen, haciendo difícil la relación y aprendizaje tanto de ese alumno, como del resto de estudiantes, y la capacidad del profesor para atender esas necesidades individuales. Hablamos de adecuaciones del currículo y de acomodaciones para ciertos estudiantes, pero, ¿cómo podemos realizarlas si además se cuenta con varios niveles académicos diferentes, solamente para llenar un aula?

Otra, muy importante razón, los padres están tan ocupados tratando de darle a sus hijos lo que “NECESITAN”, por supuesto, materialmente hablando, que no se han ocupado de formarlos, parte integral de su educación. Los padres han preferido mantenerse al margen, y dejar eso en manos de la institución educativa que se ha elegido para la preparación académica de los hijos. ¿Pero, y los valores, esos quién los compartirá y los modelará para esos estudiantes? Es sorprendente cuando los alumnos comparten con los docentes la cantidad de tiempo que pasan solos, pero sobre todo, que no tienen quien los apoye con tareas en casa. No cuentan con una persona que les pueda explicar o, si quiera, mostrar interés por lo que están aprendiendo en el colegio. Son muy pocos, pero gracias a Dios aún existen, los padres que se interesan por preguntar y estar pendientes de sus hijos; o por el contrario, hacen al profesor 100 % responsable de los resultados del “cliente”, el alumno. Es preocupante el que todos quieren liberar su responsabilidad y al final el único afectado es el estudiante; que en unos cuantos años se convertirá en papá y continuará un círculo vicioso que no tiene final.

La educación es tripartita, alumnos, padres e institución educativa, todos trabajando juntos para alcanzar un mismo objetivo. Creo que solo entonces podremos decir que estamos educando para la paz, para el amor, pero sobre todo, para un futuro mejor.

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